En Sédhiou —una nueva región de 400.000 habitantes situada en la fértil región senegalesa de Casamance, en la frontera meridional con Guinea-Bissau— las pequeñas donaciones italianas ayudan a las comunidades a mejorar su calidad de vida.
Al tiempo que el programa construye infraestructuras solicitadas por los propios residentes, también incrementa las oportunidades culturales, educativas y económicas de los jóvenes y las mujeres de las localidades afectadas.
Con el objetivo de apoyar a los habitantes de Sédhiou, la sección del Ministerio italiano de Asuntos Exteriores a cargo del desarrollo (Cooperazione Italiana alla Sviluppo) y el Ministerio senegalés de Agricultura (anteriormente Ministerio de Agricultura, Aguas Rurales y Seguridad Alimentaria – MAHRSA) decidieron unir sus fuerzas en 2006 para crear un fondo de desarrollo local, el Fondo de Desarrollo Local de Sédhiou (FDLS). El Gobierno de Senegal solicitó a UNOPS la administración de los fondos y la provisión de un control de calidad.
Con cerca de tres millones USD por parte del gobierno italiano, este programa de tres años combate la pobreza a través de las mejoras de la producción agrícola y su comercialización, de la promoción del uso sostenible de recursos naturales y favoreciendo el acceso comunal y privado a los servicios de base como la educación, el suministro de agua y los servicios médicos.
Durante la primera fase de sus actividades, el FDLS ha financiado 94 “microproyectos” en Sédhiou, distribuidos entre tres ciudades y 20 comunidades rurales. El coste de estos microproyectos varía entre los 10.000 y los 25.000 USD de los que los beneficiarios se han comprometido a financiar el 10%. Los esfuerzos de las comunidades han superado las expectativas con creces, y tanto los dirigentes de estas comunidades como los representantes de las organizaciones de la sociedad civil han confirmado la mejora de las condiciones de vida en las zonas rurales gracias a estos microproyectos.
Marco Platzer, director de la oficina de cooperación al desarrollo de la embajada italiana en Dakar, explica que “la gestión del proyecto por un comité director local ha sido altamente eficaz. Gracias a la gestión eficaz y oportuna de UNOPS, a la participación activa
de los proveedores de servicios de los gobiernos locales y de los beneficiarios y a una asistencia logística y técnica apropiada por parte de la Cooperación Italiana, más del 90% de los microproyectos han sido completados al cierre del 2008. El entusiasmo popular fue tal que las poblaciones locales han realizado una solicitud oficial para la puesta en marcha de una segunda fase de este proyecto”.
Seleccionados a través de un proceso participativo que involucra a todos los sectores de la comunidad —proceso que permite crear un clima de confianza y garantizar el apoyo de los residentes locales— estos proyectos estimulan la producción agrícola, mejoran los ingresos y la calidad de los servicios básicos y responden a las necesidades de los jóvenes y las mujeres.
Los usos específicos de estas donaciones varían según las prioridades de cada comunidad. Unas, han decidido renovar sus bazares y sus lonjas de pescado. Otras, han solicitado nuevos gallineros o molinos de grano. El FDLS ha ayudado a construir y renovar escuelas primarias, trasladando a los estudiantes de sus antiguas aulas de paja a edificios escolares de hormigón, simples pero modernos.
El FDLS también ha construido pensiones modestas para promover el turismo local. Las subvenciones han permitido rehabilitar los sistemas de drenaje de algunos municipios, renovar carreteras rurales, abrir pozos en los pueblos y reequipar las estaciones de bombeo en las plantaciones bananeras.
Uno de los principales objetivos del FDLS es el de abordar en particular las necesidades de las mujeres. En múltiples comunidades, el fondo ha construido y reequipado varios centros multiusos que permiten a las mujeres locales formarse en artesanía y mejorar su nivel de conciencia social. Desde la primavera de 2008, las pequeñas donaciones han sido utilizadas para cercar y regar los jardines comunitarios para el desarrollo de cultivos comerciales manejados exclusivamente por las lugareñas.
A grandes rasgos, unas 150 mujeres están a cargo de cada huerto, y cada una de ellas recibe una parte de terreno para cultivar, en las que pueden producir unos 150 kilos de zanahorias, habas, lechugas, cebollas y coles, en tres temporadas anuales, y así complementar los ingresos de sus hogares.
