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En el camino en Sri Lanka con la OIT y UNOPS

El tsunami de diciembre de 2004 en el Océano Pacífico dejó en Sri Lanka un balance de 40 000 muertos y 2,5 millones de personas sin casa, trabajo y en muchos casos arruinadas. La ciudad de Batticaloa en la costa este de Sri Lanka fue una de las zonas más afectadas por lo que se considera el peor desastre humano de la historia de Sri Lanka.

 

La reconstrucción del camino de Batticola era de vital importancia para restablecer el acceso  de los ciudadanos a la ciudad y al trabajo. Se trataba por tanto de una prioridad para el Programa de  generación de empleo a través de la construcción de caminos (EGRP) financiado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) e implementado por la Oficina de Naciones Unidas para Servicios a Proyectos (UNOPS).

 

El esfuerzo realizado en este proyecto EGRP que acaba de finalizar en Batticaloa ha sido muy útil para la comunidad: ha servido para obtener ingresos y ganancias para las comunidades afectadas; ha proporcionado una formación importante y vendible que servirá para aumentar las posibilidades futuras de empleo y reconstruir los caminos y las rutas de transporte que tanto necesitan estas comunidades.


Bhaghyavathi, de azul, lidera el grupo.
 

En el proyecto, 69 de los 80 trabajadores eran mujeres.  “Cuando inauguren la camino, llámenlo el ‘Camino de las mujeres’ porque lo hicimos nosotras”, dice Bhaghyavathi, de 67 años, que sentada debajo de un gran baniano  recuerda junto a sus compañeros de trabajo el desarrollo de los ocho meses de proyecto. “Tengo que venir a la ceremonia de inauguración, porque esta es mi camino, y quiero cortar la cinta.”  

 

“Hemos logrado encontrar tiempo para todo,” dice. Nos levantábamos muy temprano, preparábamos a los niños para la escuela, hacíamos la comida y luego íbamos a trabajar. Teníamos muchas ganas de trabajar. ” 


“Podemos con todo” añade otra mujer. Los hombres del grupo están de acuerdo, y reconocen que estaban muy impresionados por la habilidad de las mujeres para aprender técnicas para la construcción de caminos.

Discutiendo logros y problemas con
la OIT y UNOPS.

 

Al principio, los hombres y las mujeres tenían distintas perspectiva del trabajo. Muchos de los hombres eran joyeros modestamente prósperos, orfebres y comerciantes antes de que el tsunami destruyera sus tiendas y propiedades y les obligase a empezar prácticamente de cero.  Muchos de ellos consideraban humillante el trabajo de construcción de caminos.


Las mujeres no dudaron en incorporarse al proyecto. Preferían contribuir a las labores de reconstrucción de sus comunidades en vez de quedarse en casa lamentando la destrucción.            

 

Aunque estas mujeres no conocían las técnicas de construcción de caminos antes del programa, tras acudir a sesiones de formación están plenamente convencidas de que pueden construir caminos con poca o ninguna supervisión. “No importa de qué tipo de trabajo se trate, podemos aprender y dominar la técnica”, dice una de ellas.

 

El ingeniero del distrito, Kalaivani  se sorprendió del conocimiento técnico y entusiasmo de Bhaghyavathi y de que incluso diera su opinión sobre asuntos técnicos como: “Las vibraciones de esta máquina no son suficientes, necesitamos otra apisonadora con más potencia”.

 

“No se dejen engañar por la tranquilidad de las mujeres” dice Kalaivani. “Una vez que empiezan a trabajar, son las más ruidosas, llenas de energía y prácticamente ninguna tarea se les resiste. Nunca me preocupo por ellas si algún día no puedo venir a la obra”.


El camino de Kalikovil en Batticaloa.
 

Estas mujeres están orgullosas de su camino y con razón. Su única pregunta es, “y después de esto, ¿qué?”  Esperan que el éxito del programa inspire a otros donantes y agencias humanitarias para ayudar a la reconstrucción de su comunidad como ha hecho la OIT en Batticaloa.

 

 

 

 

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