UNOPS

Lecciones del pasado para gestionar la crisis de refugiados sirios de forma inteligente

Campamento de refugiados de Za’atari (Jordania). Fotografía: Oficina de Relaciones Exteriores y Asuntos del Commonwealth del Reino Unido

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Artículo de opinión de Grete Faremo, Secretaria General Adjunta de las Naciones Unidas y Directora Ejecutiva de UNOPS.
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 Como se publicó en el Huffington Post.
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El jueves 4 de febrero, representantes procedentes de cerca de 70 países se reunieron en Londres para garantizar recursos financieros para los refugiados sirios. Durante décadas, asistir a los refugiados era un reto simple aunque desalentador. En la mayoría de los casos, los enormes campamentos se establecían en zonas poco habitadas cerca de la frontera con el país de donde venían los refugiados. Se proporcionaba un mínimo de comida, refugio y servicios de saneamiento para cubrir las necesidades más básicas de las personas.

Estos campamentos funcionaban (y en muchos lugares aún lo hacen) con la esperanza de que los conflictos terminarían pronto y la gente volvería a sus hogares. Son recintos temporales de espera donde el país receptor a menudo establece severas restricciones en los desplazamientos e impide que los refugiados trabajen por miedo a que priven a los habitantes locales del empleo.

Con el paso de los años, nos hemos dado cuenta de que muchas de las conjeturas que se esconden detrás de la "asistencia" a los refugiados eran erróneas. La más evidente es que pocos son los conflictos modernos de tal magnitud que llevan a grandes poblaciones a huir y acaban rápidamente y con un final feliz. A menudo se prolongan durante décadas.

Otra lección obvia: las personas son en esencia criaturas de comunidad y con iniciativa empresarial. Los campamentos enseguida se convierten en ciudades con comercio, estructuras sociales y jerarquías. Cuantas más restricciones y necesidades insatisfechas haya, más comercio clandestino se creará, generando mercados negros, explotación y violencia.

De hecho, hoy en día decenas de millones de personas están viviendo en estos "campamentos-ciudad" semipermanentes, como somalíes en Kenya, afganos en Pakistán y sudaneses en Chad, por poner algunos ejemplos. Estos campamentos-ciudad son lugares terribles llenos de violencia, miedo y esperanza perdida. Malgastan los años productivos de millones de personas y generan resentimiento y extremismo.

La crisis en Siria, tan trágica y catastrófica, es diferente. En gran medida, los países que rodean Siria han sido capaces de recibir a un espectacular número de personas: 1,4 millones en Jordania; 1,5 millones en Líbano; 2,7 millones en Turquía; y otro medio millón en las sociedades de Iraq y Egipto. De todas estas personas, solo una pequeña minoría se encuentra en campamentos.

Las razones que explican este hecho son muchas: familias que traspasan fronteras y reciben a parientes que han huido; la aplicación de las lecciones aprendidas de conflictos previos para evitar instalar a la gente en campamentos; y la utilización de formas nuevas y más flexibles para​ registrar a refugiados y distribuir servicios de apoyo, como escáneres de retina, tarjetas de prepago y teléfonos celulares para contactar, informar y apoyar a los refugiados, lo que hace que los campamentos sean innecesarios.

Aunque debemos hacer todo lo posible para acabar con este terrible conflicto, tenemos que mentalizarnos de que una gran parte de la población siria será refugiada durante años, y muchas de estas personas quizás no regresen nunca. Esta crisis es nuestra oportunidad para aplicar 70 años de experiencia en la gestión de las situaciones de refugiados y hacer lo correcto. Hasta ahora no lo hemos hecho muy bien, y las trágicas escenas de refugiados que se ahogan en un intento desesperado por llegar a Europa solo son los signos más visibles de nuestro fracaso.

En efecto, tenemos que proporcionar la financiación necesaria para ofrecer comida y refugio a estos casi 6,2 millones de personas. Hasta la fecha solo se ha recaudado la mitad de la financiación necesaria destinada a la ayuda humanitaria en los países que rodean Siria, y esta es una de las razones por las que muchas personas han decidido correr el riesgo de partir hacia Europa.

Pero tenemos que ir más allá. Tenemos que proporcionar educación a un millón de niños refugiados. La alternativa (una generación perdida de niños con escasa o ninguna formación, sin apenas perspectivas de trabajo y presas fáciles para la explotación y el extremismo) es una garantía de décadas de problemas e inestabilidad dentro y fuera de la región. La inversión en educación también puede reducir la constante y trágica oleada de niños que son enviados sin compañía alguna a un peligroso viaje hacia Europa, donde sus padres tienen la esperanza de que tengan una vida mejor.

También tenemos que tener el suficiente sentido común para fomentar y facilitar la actividad económica y empresarial de los refugiados y las comunidades receptoras. La idea de miles de refugiados saturando las comunidades locales puede parecer una amenaza para los empleos de los habitantes locales, pero esto no es un juego de suma cero. Las personas somos básicamente un recurso, no una carga, y ayudar a los refugiados a abrir negocios y orientar las inversiones hacia zonas con un gran número de refugiados es una inversión a favor del crecimiento, no una obra de caridad. Asimismo, hay que tener en cuenta las barreras que frenan el crecimiento económico en países que se enfrentan a un gran número de refugiados para ayudar a fomentar el desarrollo económico.

Las organizaciones de las Naciones Unidas están impulsando la creación y planificación de "soluciones inteligentes para los refugiados". Dichas organizaciones junto con el Banco Mundial y otros organismos están desarrollando nuevas ideas para tratar a los refugiados como las personas dignas, emprendedoras y llenas de recursos que son, así como para encontrar maneras de ayudarlos a ellos y a los países receptores a sacar lo mejor de una situación trágica.​

Esta semana, los jefes de gobierno de más de 70 países vendrán a Londres con el objetivo de garantizar más financiación para la crisis de refugiados sirios. Esta conferencia debería ser el punto de partida de un compromiso para tratar a los refugiados de una forma diferente y constructiva, y no sumirlos en años de inactividad, pobreza y desesperanza.