¿De qué sirve contabilizar los edificios derrumbados?

Casi cada semana nos llega información sobre daños materiales y pérdida de vidas a causa de ciclones, terremotos e inundaciones. Sin embargo, ¿qué aprendemos de estos desastres naturales?​​​


Comprender por qué los edificios se derrumban es importante para extraer las lecciones que ​verdaderamente contribuyan a una "mejor reconstrucción". Fotografía: Órla Fagan/OCHA​​​

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Por Ian Rector | 17 de noviembre de 2016​

No es fácil entender los resultados de los desastres naturales y los fenómenos meteorológicos extremos. Casi cada semana nos llega información sobre daños materiales y pérdida de vidas a causa de ciclones, terremotos, inundaciones y otros desastres naturales. Sin embargo, ¿qué aprendemos de estos desastres?

Normalmente los daños solo se cuantifican según las pérdidas financieras o el número de víctimas mortales, heridos o personas que se han quedado sin hogar. Puede que esto sea útil si la intención es comparar los diferentes desastres a nivel mundial para averiguar cuál es el peor. No obstante, lo que a fin de cuentas confirman estas cifras es nuestra incapacidad para proporcionar entornos seguros y saludables que velen por las personas y la sociedad.

Considera​ción de los riesgos en el diseño para aumentar la resiliencia

​Una infraestructura más resiliente como esta escuela mejorada resistente a los terremotos en Indonesia es esencial para proteger a los profesores y alumnos y mantener los servicios educativos. Fotografía: UNOPS/Benjamin Dixie

El Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres y los Objetivos de Desarrollo Sostenible señalan la necesidad de que los gobiernos inviertan en materia de resiliencia. En definitiva, el objetivo es garantizar que el desarrollo y las personas así como sus medios de vida ​estén protegidos ante las perturbaciones que pueden suponer los desastres naturales y los fenómenos meteorológicos extremos.

Una de las claves para lograr la resiliencia está en reconocer el vínculo intrínseco entre el desarrollo y las actividades humanitarias. El desarrollo contiene elementos de riesgo. Si está bien planificado y diseñado, puede reforzar la resiliencia y reducir las necesidades humanitarias. Por el contrario, si no está planificado o no cumple las normas, el desarrollo puede derivar en riesgos más elevados, en un derroche de los recursos clave y en una mayor pérdida de vidas.

Por consiguiente, los procesos de planificación y diseño en materia de desarrollo deben tener en cuenta todos los factores que se dan en el entorno de riesgo, incluida la variabilidad del clima, y entender claramente las posibles consecuencias si no se adoptan medidas de resiliencia. En otras palabras, debemos actuar de forma proactiva durante la fase de diseño con el objetivo de aumentar la resiliencia mediante la reducción de la probabilidad de que algo salga mal cuando la infraestructura sufra los impactos del medio ambiente. De esta forma, al comprender lo que puede salir mal en ciertas condiciones, podemos proteger mejor los logros en términos de desarrollo y prepararnos para el futuro.

Hasta cierto punto, Bangladesh es un ejemplo en este ámbito.

Durante los últimos diez años, se han llevado a cabo evaluaciones de riesgo sísmico en varias ciudades, incluida Dhaka, la capital. Los resultados son escalofriantes: solamente en Dhaka, más de 325.000 edificios se derrumbarían en un terremoto de magnitud 7,5 o superior.

Gracias a la identificación de los edificios vulnerables y de las posibles consecuencias de no abordar las vulnerabilidades, se podrían introducir medidas retrospectivas de resiliencia para reforzarlos. También se podrían demoler las estructuras altamente vulnerables y reubicar a las personas. Comprender las consecuencias hace que la planificación humanitaria sea más realista, aunque es preferible reducir los riesgos mediante el cumplimiento de antemano de las normas de construcción.​


Lecciones extraídas de las situaciones adversas

Durante décadas, la práctica habitual de evaluación de daños ha consistido en cuantificar las pérdidas y otorgar un valor monetario al costo de reconstrucción. El uso de perspectivas eficaces para una "mejor reconstrucción" solía sustituirse por un margen de entre un 10% y un 15% adicional a este costo. Ahora bien, ¿es esa una mejor opción?

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¿Qué ocurriría si la industria aeronáutica se limitara a contabilizar los accidentes sin entender sus causas? No lo aceptaríamos, por lo que tampoco deberíamos aceptarlo en lo referente a los daños provocados por los desastres naturales.
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Es difícil aprender de la adversidad ya que a menudo resulta en un conflicto entre las limitaciones de tiempo y las sensibilidades políticas. Empezamos con una perspectiva para una "mejor reconstrucción", pero terminamos centrados en una "rápida reconstrucción". Seguiremos cometiendo los mismos errores si no logramos entender por qué los sistemas fallan y los edificios se derrumban cuando sufren impactos provocados por las perturbaciones. ¿Qué ocurriría si la industria aeronáutica se limitara a contabilizar los accidentes sin entender sus causas? No lo aceptaríamos, por lo que tampoco deberíamos aceptarlo en lo referente a los daños provocados por los desastres naturales.

Las causas subyacentes de los daños no son siempre obvias y, por tanto, ​es necesario investigarlas en profundidad. Para tal fin, UNOPS está empezando a utilizar una metodología para la evaluación de la infraestructura. Esta metodología asistirá a los gobiernos en la tarea de reforzar la resiliencia de diferentes maneras, entre lo que se incluye el aprendizaje de las lecciones extraídas de las situaciones adversas.

En definitiva, conocer la cifra de los edificios dañados no aporta valor cuando se trata de mantener los logros en términos de desarrollo. Sin embargo, a través de nuestro compromiso por lograr infraestructuras resilientes e​ influenciar el trabajo de otros, podemos intentar garantizar que la cifra de edificios dañados sea menor.



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Información sobre el autor 

Ian Rector es Asesor de alto nivel en materia de infraestructura y resiliencia para UNOPS en Asia. Durante los últimos 30 años, ha trabajado en más de 40 países en programas de asistencia humanitaria, cambio climático y reducción del riesgo de desastres para la resiliencia en el sistema de las Naciones Unidas, así como en los sectores público y privado.


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