UNOPS

22/03/2016

Apoyo a su marido en la salud y en la enfermedad

Hangama vendió todas las joyas de oro que recibió en su boda con el fin de conseguir dinero para el tratamiento médico de su marido. Ahora mantiene a su familia horneando pan.

Su marido Mohammad Azim, sastre de profesión, solía ser la principal fuente de ingresos de la familia hasta principios de 2015, cuando se le diagnosticó un cáncer que ahora le impide trabajar.

Los doctores de Afganistán enviaron a Azim a hospitales de la India y Pakistán, pero el costo del tratamiento era tan elevado que tuvo que volver a casa en peores condiciones físicas y presa de la decepción.

«Vendimos nuestra casa para recaudar fondos. Mi marido también conservaba algunos ahorros de haber trabajado en Irán y su hermano nos dejó algo de dinero, pero aun así no era suficiente», confesó Hangama. «Preguntamos si había algo más que pudiéramos hacer para tratar la enfermedad y los doctores nos dijeron que mi marido tenía que comer mucha carne, fruta y verdura, pero esos alimentos son caros y no siempre podemos permitirnos comprarlos», añadió.

Con dos hijos que mantener, Hangama se levanta temprano todas las mañanas para preparar pan y galletas en una panadería que se estableció como parte de un proyecto financiado por Suecia para la construcción y rehabilitación de carreteras rurales en cuatro provincias al norte de Afganistán.

El proyecto proporcionó equipo, formación y salarios para 20 mujeres en los cuatro primeros meses posteriores a la apertura de la panadería. Transcurrido este tiempo, el grupo ya había ganado lo suficiente para comprar sus propios ingredientes y mantener el negocio.

Hangama es miembro de la shura, el consejo comunitario de su aldea, y afirmó que las mujeres estaban entusiasmadas con la idea de aprender técnicas de horneado, gestión y comercialización; es decir, conocimientos empresariales con los que no contaban antes.

En un día normal, preparan entre 300 y 400 hogazas de pan afgano, y a menudo se encargan del servicio de comidas en eventos como bodas. Esto aporta unos ingresos pequeños pero significativos para Hangama, que ni siquiera tiene padres que puedan ayudarle económicamente.

«Mi marido no puede trabajar porque su salud es muy delicada. A veces sufre dolores en el pecho y ni siquiera puede caminar unos metros o levantar a nuestro hijo de dos años», explicó Hangama.

Lo único que Hangama puede hacer ahora es seguir trabajando con el fin de ahorrar todo lo que pueda para el tratamiento de Azim mientras continúa dependiendo de las contribuciones desinteresadas de sus familiares.

El Proyecto de mejora del acceso a las zonas rurales ha generado más de un millón de jornadas de trabajo para la población local y ha creado empleos para mujeres en los ámbitos de la sastrería, el bordado y el horneado, entre otras actividades que generan ingresos.

El proyecto, financiado por la Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo (ASDI) e implementado por UNOPS, conecta a las comunidades más alejadas con los mercados y servicios básicos mediante la construcción y rehabilitación de carreteras. 


 

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