UNOPS

Testimonios: Sumergirse en otra cultura

«Siempre he querido trabajar en el ámbito internacional, en lugares donde creía que podía marcar la diferencia. Copenhague, Palestina, Somalia y ahora Nueva York: una de las cosas que más me gusta de vivir en el extranjero es la oportunidad de sumergirse en una cultura completamente diferente. Estar en un país extranjero durante un período prolongado de tiempo amplía mucho las perspectivas que uno tiene, incluso cuando no se pensaba de antemano que fuesen tan limitadas». - Cecilia Smith, Oficial asociada de apoyo de portafolios, Clúster para la Paz y la Seguridad

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​Como miembro del Clúster para la Paz y la Seguridad de UNOPS en Nueva York, ofrezco apoyo administrativo, financiero y en materia de recursos humanos y adquisiciones para el equipo que gestiona nuestro portafolio de Malí. Más allá de limitarse a la tradicional "remoción de minas", el portafolio de Malí es un buen ejemplo del Clúster para la Paz y la Seguridad, en continua evolución. Muchas de sus actividades de programas se centran en la reforma del sector de la seguridad, entre lo que se incluye la gestión de reservas, la capacitación del personal de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas y del personal civil en materia de desactivación improvisada de equipos explosivos y la mejora de la protección civil. He aprendido mucho en el poco tiempo que he estado con UNOPS, especialmente sobre el uso de maravillosas herramientas de gestión de proyectos que aportan una mayor estructura a nuestro trabajo.

El ambiente de trabajo es muy positivo y tengo la sensación de que a todo el mundo realmente le importa lo que hace. También me gusta que tengamos una relación tan cercana con nuestro asociado, el Servicio de las Naciones Unidas de Actividades Relativas a las Minas, que tiene los mismos objetivos que nosotros en el Clúster. Antes de incorporarme a UNOPS trabajé con organizaciones no gubernamentales en Palestina y Somalia, y una de las cosas que más me costaba era encontrar el punto medio entre lo que el donante quiere y lo que los beneficiarios necesitan.

Creo que tener experiencia tanto en el terreno como en la sede me ha ayudado a contar con un entendimiento más amplio del trabajo de desarrollo en su conjunto. Por ejemplo, cuando trabajé con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Copenhague, desde 2008 hasta 2010, recuerdo esperar a que llegaran documentos de nuestra oficina en Liberia. Tras haber mandado unos cuantos recordatorios amables a mis colegas, me di cuenta de que las tiendas de campaña en las que habían estado trabajando estaban totalmente inundadas y todos los archivos estaban dañados o habían desaparecido. Ver el entorno tan desafiante en que trabajan comparado con el que tenemos en la sede llamó mucho mi atención.

Vivir y trabajar en el terreno también amplía los horizontes. Tengo muchos recuerdos e historias maravillosas del tiempo que he pasado en el extranjero. Durante mis dos años en Somalia, cuando iba de compras con mis colegas locales para buscar hiyabs, en varias ocasiones alguna persona me preguntó: «¿Svenska?», que significa «sueca» en sueco. Resultó que esos somalíes eran refugiados repatriados que habían vivido y estudiado en Suecia antes de regresar a Somalia para empezar de nuevo. Me comentaron lo agradecidos que estaban por todo lo que mi país había hecho por ellos. Lo más curioso de estos encuentros con locales es que siempre adivinaban mi nacionalidad por mi forma de caminar. Pensaba que si llevaba la cabeza totalmente cubierta, calcetines y guantes podría caminar en Mogadiscio y nadie me reconocería, pero me di cuenta de que tan solo tardaban una fracción de segundo en darse cuenta de que era extranjera por mi forma de caminar.

Ahora estoy intentando adaptarme a la vida en Nueva York y, la verdad, me está llevando más tiempo que en otros lugares. Creo que es más complicado encontrar tu propia ciudad dentro de la ciudad, ya que es muy abrumadora. Sin embargo, es un cambio positivo tras la intensidad de Somalia.