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Testimonios: Reflexiones de una década en Afganistán

«Se suponía que iría a Afganistán para tres semanas, pero acabé quedándome 10 años». - Elizabeth De Benedetti, Jefa de Equipo, del Ministerio de Obras Públicas de Afganistán.

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​«Se suponía que iría a Afganistán para tres semanas, pero acabé quedándome 10 años. Cuando llegué en 2003, estaba en el poder un Gobierno de transición, no había elecciones, ni constitución, nada. Pensé ‘vaya, sí que hay algo que puedo hacer en esta situación’, así que empecé a trabajar con el Gobierno. Diez años después, vuelvo a estar en otro ministerio afgano, pero esta vez desempeñando una labor de desarrollo de la capacidad con UNOPS.

Trabajo como Jefa de Equipo en Keep Afgans Connected, un proyecto financiado por el Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido (DFID) cuyo objetivo es desarrollar la capacidad y apoyar el desarrollo institucional del departamento de operaciones y mantenimiento del Ministerio de Obras Públicas de Afganistán. UNOPS ha construido mucha infraestructura en Afganistán, pero esta iniciativa por valor de más de 6 millones USD se centra en las habilidades sociales, enfocadas a desarrollar la capacidad del ministerio para llevar a cabo sus propias operaciones y trabajo de mantenimiento con su propia financiación.

Para ello, UNOPS está integrando a diferentes personas en el Ministerio. A nivel técnico, Afganistán cuenta con ingenieros muy cualificados, muchos de ellos formados por expertos rusos, pero el país ha sufrido un período de guerra de 30 años de duración durante el cual no ha tenido contacto alguno con las nuevas tecnologías y métodos de trabajo. Estamos tratando de llenar ese vacío y capacitar al personal del Ministerio, poniendo en marcha incentivos como, por ejemplo, ascensos para motivar al personal a poner en práctica lo que han aprendido.

Al contrario que muchos de los proyectos de desarrollo de la capacidad, nosotros no estamos contratando a personal nuevo. En proyectos similares, los donantes se han decantado por crear una oficina o departamento de gestión de proyectos, a menudo formado por expertos nacionales ajenos al ministerio. Ya que estos departamentos operan en inglés, generalmente tratan de manera directa con los ministros, dejando fuera del proceso a los empleados del ministerio que tanto tiempo llevan trabajando allí. Estos procesos lo que acaban haciendo es sustituir la capacidad, en vez de desarrollarla.

Nuestro equipo para el proyecto es pequeño, formado por un núcleo de cuatro personas, contando conmigo. Mis tres compañeros son personal técnico que trabajan de manera centralizada en Kabul y en tres provincias piloto: Balkh, Ghazni y la conflictiva provincia de Helmand. Queremos demostrar que el sistema, los procesos y las herramientas que estamos desarrollando en nuestro proyecto funcionan tanto a nivel central como provincial, de modo que el Ministerio pueda extenderlos a las 34 provincias. De hecho, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) pondrá en marcha el año que viene un proyecto muy similar, lo que es magnífico porque podremos compartir materiales de formación con ellos para incrementar la eficacia y evitar la duplicación de los recursos, al contrario de lo que ocurrió en el pasado.

Antes de trabajar en UNOPS, trabajé para el Gobierno de Afganistán, asesorando a diferentes ministros y ministerios, como el Ministro de Economía, el Ministerio de Energía y Agua y el Ministerio de Finanzas. En 2003 comencé a trabajar con la Oficina del Presidente Karzai. Entonces era muy diferente, con canales de comunicación muy limitados. De hecho, la única manera de mandar información desde las áreas más remotas del norte del país a Kabul era mandándola con un enviado que a menudo viajaba en burro durante la primera parte de un viaje de tres o cuatro días de duración.

Tras decidir que ya había cerrado una etapa en Afganistán, volví a Europa. Pero no pasó mucho tiempo hasta que vi una interesante oferta de trabajo en UNOPS. Parecía un buen puesto, así que lo solicité y me lo ofrecieron. Durante mi vuelo a Afganistán y la escala que hice en Dubai no dejé de pensar ‘¡Esto es una locura! No quiero volver a Kabul’. Pero puedo decir que, desde el momento en que aterricé, se me dibujó la mayor de las sonrisas, me sentí muy feliz de haber vuelto. La gente dice que una vez que uno ha estado en África, hay algo que empuja a volver. Yo pienso lo mismo de Afganistán».