UNOPS

Un ejemplo para las mujeres en Afganistán

«Tradicionalmente los hombres son los cabeza de familia, de modo que tenemos que involucrarlos y educarlos sobre los derechos de las mujeres. Es muy duro hacer entender este mensaje la primera vez, pero día tras día creo que las cosas mejorarán». - Zahra Akbari, Movilizadora comunitaria, Afganistán

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​Zahra Akbari trabaja a tiempo completo, asiste a la universidad cuatro noches a la semana para estudiar un grado universitario en Derecho y Ciencias Políticas y tiene una hija de nueve meses. Compaginar todas estas actividades es una verdadera proeza en cualquier país, y mucho más para una mujer en Afganistán.

Como movilizadora comunitaria, Zahra trabaja de cerca con mujeres en el norte de Afganistán, donde UNOPS está conectando aldeas aisladas con servicios y mercados a través de carreteras mejoradas gracias a la financiación de la Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo (ASDI).

«Cuando viajo a las comunidades rurales, a menudo soy la única mujer con una docena de colegas hombres. Para mí esto se ha convertido en una rutina porque trabajo con ellos todos los días en la oficina. En las aldeas, esta situación la desaprueban algunas de las mujeres de mayor edad, pero también inspira a algunas más jóvenes y puedo ver cómo hace que sus ojos se iluminen. Ya hay algunas mujeres líderes en estas comunidades y tengo la esperanza de que cada vez haya más y más».

Zahra ayuda a las mujeres afganas a ganar dinero mediante el cuidado del ganado, el hilado de lana, la sastrería y la participación en otras pequeñas empresas creadas en paralelo al Proyecto de mejora del acceso a las zonas rurales.

Zahra, que cuenta con una amplia experiencia trabajando con mujeres y en cuestiones de sensibilización sobre el panorama político de Afganistán y los derechos de la mujer, está conmocionada y desanimada por la prevalencia de la violencia de género en el país.

«Las familias afganas pueden tener hasta diez miembros, un grupo demasiado numeroso como para sobrevivir con un solo sueldo. Es todavía más difícil para las viudas que pueden tener cinco o seis hijos, o para las esposas de los agricultores que no pueden cultivar nada durante los meses de invierno».

Debido a estos desafíos, Zahra afirma que la mayoría de los hombres tienen interés en que sus esposas, hermanas, madres e hijas trabajen para ayudar a mantener a sus familias. Pero hubo un par de mujeres que dejaron los grupos de trabajo porque sus maridos lo desaprobaban. El marido de Zahra, por el contrario, apoya sus esfuerzos como empleada, estudiante y madre, trabajos que se han vuelto más arduos a medida que la situación de la seguridad continúa deteriorándose.​