UNOPS

Testimonios: Tezy Nguizani-A-Tezo

«La parte más difícil de mi trabajo es ser aceptada y respetada como ingeniera». - Tezy Nguizani-A-Tezo, ingeniera de UNOPS sobre el terreno, República Democrática del Congo.

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Soy ingeniera de UNOPS sobre el terreno en la República Democrática del Congo desde hace casi un año. En concreto, soy responsable de supervisar los estudios técnicos y las obras de un proyecto que tiene como objetivo restablecer el sector agrícola y mejorar la seguridad alimentaria en el noroeste del país.

Paso la mayor parte del tiempo sobre el terreno en lugar de en la oficina. La vida en el terreno no es fácil y las condiciones de vida son duras. Muy a menudo tengo que realizar estudios en carreteras de zonas remotas. A veces tengo que viajar casi 200 kilómetros en moto (un viaje de entre seis y siete horas) solo para llegar a las obras y empezar el trabajo. En esas situaciones suelo pasar más de 10 días allí, en una aldea no muy lejos de las obras. Esa es la realidad sobre el terreno.

Unirme a la gran familia de UNOPS me permitió forjar mi personalidad, mi carácter y mi visión de la vida; hizo aflorar lo mejor de mí. Mi equipo es muy comprensivo y me mantiene a flote, especialmente en los momentos difíciles. El terreno está muy lejos de las zonas urbanas; en las áreas rurales, la gente todavía piensa que el lugar de la mujer está en su casa y criando a los niños. La opinión de las mujeres no cuenta para las decisiones importantes. Esta es la razón por la cual es necesario concienciar a las comunidades locales de que soy ingeniera, exactamente igual que mis colegas ingenieros. No se trata de ser una mujer o un hombre, todos somos ingenieros.

La mejor parte de mi trabajo es poder ver de primera mano los resultados concretos de nuestro trabajo: mejores condiciones de vida para las comunidades locales. Gracias a las carreteras rehabilitadas por UNOPS, la gente puede transportar fácilmente sus productos agrícolas a los mercados locales. Las carreteras también ayudan a reducir el desempleo (incluso temporalmente) porque empleamos a trabajadores locales.

Lo que me parece más gratificante es ver la mirada de orgullo en las caras de la gente (sobre todo las mujeres) cuando me ven supervisando las obras sobre el terreno. Estas visitas me permiten animar a las mujeres jóvenes de las zonas rurales a que participen en nuestros proyectos, como, por ejemplo, a recibir sesiones de capacitación para poder convertirse en líderes de nuestros equipos locales.

No importa donde vivan; las jóvenes y las mujeres pueden marcar la diferencia no solo en la República Democrática del Congo, sino también en el mundo en general. Mi consejo para ellas es que mantengan la esperanza viva, porque el mañana será mejor. Las que tienen la oportunidad de ir a la escuela deben tener objetivos incluso mayores. Al igual que los hombres en nuestro país, las mujeres también pueden ser profesionales ¡o hasta ingenieras, como yo!