UNOPS

Testimonios: Progreso de las comunidades rurales de África

«Me encanta ver cómo las personas pasan de una situación en la que están desprovistas de poder económico, sobre todo mujeres, a una situación en la que algunas de ellas pueden construir y administrar sus propios hogares. Podemos cambiar las vidas de las personas y verdaderamente aprecian lo que hacemos por ellas». - Bamidele Ilebani, antiguo Director del Núcleo Operacional de UNOPS en Etiopía

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A lo largo de 2015, celebraremos algunos de nuestros principales logros, hablaremos con algunos de los miembros del personal que más tiempo llevan trabajando en UNOPS y miraremos hacia el futuro para ver cómo UNOPS puede continuar su misión: servir a las personas necesitadas.

Me incorporé a UNOPS en septiembre de 1999 como gestor de portafolios, donde participé en proyectos con el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA). Anteriormente trabajé para el Banco Mundial como gestor de tareas, administrando una serie de proyectos para varios países diferentes.

Por aquel entonces, en realidad no buscaba un nuevo trabajo cuando se presentó la oportunidad de unirme a UNOPS. Un amigo me dijo que sería un paso acertado y, en retrospectiva, tenía razón porque 16 años después sigo aquí y me gusta muchísimo.

Lo que hemos logrado juntos a lo largo de los años me llena de orgullo, sobre todo los proyectos que hemos realizado en colaboración con el FIDA. Cuando me incorporé, contábamos con 25 personas en Nairobi y supervisábamos alrededor de 60 proyectos del FIDA en más de 12 países de África meridional y oriental, así como en el Cuerno de África. El FIDA y UNOPS trabajan juntos para proporcionar proyectos de desarrollo rural a personas que viven en las comunidades rurales más pobres, con especial énfasis en las finanzas y la comercialización a nivel rural, la producción agrícola y las tecnologías avanzadas. Es decir, proyectos que ayudan a las personas a ayudarse a sí mismas.

La experiencia que he adquirido al trabajar en estos proyectos ha ampliado mis horizontes. Aprendí que las personas de comunidades rurales pobres realmente pueden beneficiarse del acceso a recursos que promuevan su bienestar económico y social si nos aseguramos de que puedan sacar provecho de estos proyectos mucho después de que los hayamos completado.

En un proyecto de riego que estábamos supervisando en una zona rural de Tanzanía, nos encontrábamos en medio de la nada. Fui allí para visitar a algunas personas que pedían limosna a las personas que viajaban en tren. Volví unos años después y vi que en los campos que habíamos ayudado a regar todos se dedicaban a la agricultura y a la producción de arroz para su venta.

También en Etiopía, cuando estaba trabajando en un proyecto de finanzas rurales, una mujer de una de las comunidades dijo: «No podía comer. Mis hijos estaban sufriendo. Pero empecé a hilar [tejidos] y ganaba 2 birr al día (alrededor de 10 centavos USD). Después de trabajar durante tres años, había conseguido suficiente dinero para enviar a mis hijos a la escuela e incluso pude crear mi propio negocio. Ahora se me respeta en la comunidad». Su historia me conmovió.

Me encanta ver cómo las personas pasan de una situación en la que están desprovistas de poder económico, sobre todo mujeres, a una situación en la que algunas de ellas pueden construir y administrar sus propios hogares. En sus casas tienen buena comida y buen mobiliario. Todos sonríen porque algunos de ellos nunca imaginaron que algún día pudieran permitirse este tipo de lujos. Por eso me gusta tanto mi trabajo. Podemos cambiar las vidas de las personas y verdaderamente aprecian lo que hacemos por ellas.

Me jubilaré a finales de abril, pero dejo la oficina de UNOPS en Etiopía en muy buenas manos. Además creo que UNOPS seguirá creciendo en la región. Seguiré apreciando cada segundo de mi tiempo en UNOPS.