The United Nations Office for Project Services (UNOPS)

Resiliencia ante los desastres

¿Son los desastres sucesos catastróficos que provocan importantes daños materiales o pérdidas humanas? No exactamente. En el presente artículo, se explica qué son los desastres y cómo planificar proyectos de desarrollo para combatirlos.

Contrariamente a la creencia popular, un ciclón no constituye un ejemplo de desastre. Un ciclón en mitad del océano es una posible amenaza, pero un ciclón se convierte en un desastre cuando interactúa con el entorno construido, y su impacto excede la capacidad de resistencia de dicho entorno. A menudo, el resultado son daños materiales o la pérdida de vidas humanas.

En lugar de contabilizar los daños provocados por los desastres, lo cual no indicará más que sus consecuencias o su escala, existen preguntas más importantes que deberíamos plantearnos: ¿Por qué se produjeron los daños? ¿Podríamos haberlos previsto? ¿Qué podríamos haber hecho para atenuar el impacto? ¿Qué lección podemos aprender en caso de que un suceso similar ocurriera de nuevo?

Demasiado a menudo, nos centramos en gestionar las respuestas a los desastres y los efectos de los mismos. Sin embargo, en lugar de únicamente gestionar los desastres, deberíamos también gestionar los riesgos. La infraestructura y el desarrollo se encuentran intrínsecamente ligados. La infraestructura no solo permite el desarrollo, sino que también puede proteger sus beneficios. Además, en muchos casos, los desastres se producen por fallos en la infraestructura.

Se dedica poco esfuerzo a entender por qué la amenaza tuvo el impacto que tuvo».

Tomemos ejemplos como el de Kumamoto en Japón o el de Puerto Príncipe en Haití. Ambas ciudades sufrieron terremotos de intensidad parecida. En Japón perdieron la vida más de 40 personas y en Haití, más de 200.000. La principal razón de esta diferencia fue la infraestructura, cuyas insuficiencias pueden provocar desastres y generar necesidades de respuesta.

Una perspectiva basada en los riesgos tiene el potencial de cambiar las prácticas de desarrollo para que el entorno construido sea capaz de anticipar, absorber y hacer frente a los impactos y tensiones de manera eficaz, y así recuperarse rápidamente de ellos. Esto garantizaría que un país siguiera avanzando en su ruta de desarrollo a pesar de los incidentes o desastres graves que, de otro modo, pudieran frenarle.

La clave es estar preparados. El primer paso es comprender qué tipo de peligros existen, ya sea en forma de terremotos, huracanes o epidemias, por ejemplo. Después, debemos estudiar su posible impacto para conocer los riesgos y, a continuación, implementar medidas para gestionar o eliminar tales riesgos. Si los costos son excesivos o es demasiado difícil eliminar los riesgos, se debe contar con planes de contingencia que reduzcan los impactos de cualquier amenaza.

Por último, necesitamos contar con medios para aprender de cualquier desastre natural y así poder minimizar el impacto de los sucesos futuros.

Protección de las personas y las comunidades

Parece ilógico aceptar que, en muchos casos, cuando una persona muere por causas sospechosas tenga lugar una exhaustiva investigación policial para encontrar al culpable pero que, sin embargo, cuando 3.000 personas fallecen debido a un ciclón o una inundación, se investigue muy poco sobre las causas que lo han producido.

Para ir más allá de la gestión de desastres, tenemos que comprender y abordar las relaciones entre los riesgos y la resiliencia».

En otras palabras, se dedica poco esfuerzo a entender por qué la amenaza tuvo el impacto que tuvo. Por tanto, debemos aprender de las consecuencias para evitar el mismo impacto negativo en el futuro. Si no lo hacemos, puede que nunca aprendamos de nuestros errores y, como consecuencia, se pierdan vidas y se retroceda en la ruta de desarrollo.

Para ir más allá de la gestión de desastres, tenemos que comprender y abordar las relaciones entre los riesgos y la resiliencia, lo que nos permitirá aplicar perspectivas adecuadas que tengan en cuenta los riesgos.

De esta forma, se puede fomentar un cambio de pensamiento y en las prácticas aplicadas, lo cual es esencial para proteger a las personas y a las comunidades en el futuro.


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