The United Nations Office for Project Services (UNOPS)

La lucha contra el estigma social para prevenir enfermedades

Apoyar a las personas que se inyectan drogas puede limitar la transmisión del VIH y la hepatitis y reducir la criminalidad y los costos sanitarios. En Myanmar, miles de consumidores de drogas se benefician de los servicios de reducción de daños.

En la primera mitad de 2016, más de 5.000 personas del país que se inyectan drogas tuvieron acceso a los servicios de lucha contra el VIH apoyados por el Fondo para los Tres Objetivos de Desarrollo del Milenio (3 ODM), que incluyen análisis y asesoramiento. Los programas de prevención beneficiaron a más de 24.000 personas y se distribuyeron seis millones de jeringuillas y agujas para permitir prácticas de inyección seguras.

Todo esto forma parte del plan general para la reducción de daños que pretende minimizar las consecuencias negativas del consumo ilícito de drogas, en particular la transmisión del VIH y de la hepatitis B y C, las heridas asociadas con la eliminación incorrecta de las agujas y la criminalización en torno al consumo de drogas.

Las actividades se centran normalmente en la prevención, la distribución y eliminación de agujas y jeringuillas, el diagnóstico del VIH y la hepatitis, los tratamientos de suministro de metadona, el asesoramiento y el apoyo mutuo.

La drogadicción es una condición médica. El plan para la reducción de daños parte de esta base y pone de relieve la importancia de trabajar con las comunidades locales, los medios de comunicación y la policía. Las iniciativas tienen como objetivo aumentar la sensibilización y mejorar el entorno de las personas que se inyectan drogas.

Este plan ayuda a abordar un problema significativo en Myanmar: entre las personas que se inyectan drogas, más del 20% padece VIH1 y el 39% de todas las nuevas infecciones está representado por esta población2.

En las regiones fronterizas como el estado de Kachin, la producción de opio y los conflictos facilitan el acceso a las drogas, lo que contribuye a que un mayor número de personas se inyecten este tipo de sustancias. Se ha considerado prioritario proporcionar servicios a las zonas que presentan un alto riesgo en siete municipios del estado de Kachin, así como en otros 29.

El plan para la reducción de daños también cuenta con equipos formados por miembros de la comunidad local capacitados que se encargan de recolectar y eliminar de forma segura agujas usadas, lo que minimiza el riesgo de que se produzcan heridas por pinchazos. Además, varios centros de asistencia también ofrecen asesoramiento, análisis y tratamiento para el VIH, las enfermedades de transmisión sexual y la hepatitis.

Por desgracia, el estigma social, el rechazo de la comunidad y la discriminación dificultan el acceso a los servicios sanitarios entre las personas que consumen drogas. Esto disminuye a su vez las posibilidades de recuperación y les impide acceder a los análisis necesarios para detectar enfermedades transmitidas por la sangre.

La reducción de este estigma social es una prioridad para el personal del centro de asistencia de Washawng, en el estado de Kachin.

Mi trabajo consiste en repartir agujas limpias, proporcionar educación sanitaria y recolectar jeringuillas usadas. Tanto la comunidad como mi familia pueden ver ahora los efectos positivos de lo que hago y consideran que es un buen trabajo»,

Tu Mai - Tu Mai

«Asistimos a un total de 40 personas. Hemos derivado a 28 para que comiencen tratamientos contra el VIH y la hepatitis B y C. Entre las personas a las que atendemos en el centro, 15 están recibiendo tratamientos de suministro de metadona y una está ingresada en un centro de desintoxicación. Ahora debemos incentivar que más personas acudan al centro mediante la reducción del estigma social», explicó un profesional sanitario del centro que trabaja para Metta, uno de los asociados del plan para la reducción de daños del fondo 3 ODM.

Para Tu Mai, un antiguo consumidor de drogas, visitar el centro era difícil debido al estigma social. Gracias al apoyo y al ánimo que recibió por parte del personal, pronto acudió a las sesiones informativas y empezó a recibir tratamiento. La metadona le ayudó a gestionar su adicción y ahora Tu Mai es un educador en el mismo centro.

«Mi trabajo consiste en repartir agujas limpias, proporcionar educación sanitaria y recolectar jeringuillas usadas. Tanto la comunidad como mi familia pueden ver ahora los efectos positivos de lo que hago y consideran que es un buen trabajo», afirma.

El plan para la reducción de daños está basado en el respeto de los derechos de las personas que consumen drogas. El objetivo es promover la prestación de servicios inclusiva y carente de juicios de valor con la perspectiva de que el consumo de drogas está presente en la sociedad.


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